Parfum
Los anuncios de perfumes son un terreno abonado para el más básico arquetipo publicitario. No hay nada sobre el producto que anuncian que se pueda expresar directa y fielmente (en términos de recepción) a través de la imagen, tanto fija como en movimiento. Ok, ni los anuncios de coches hablan de coches, ni los de Coca-Cola de bebidas carbohidratadas, pero sí suelen recurrir a mostrar el producto; y mostrarlo de una forma que resulte atractiva. Los publicistas de perfumes sólo podrían mostrarnos un puñado de partículas de aceites y alcohol mezcladas y expulsadas de un recipiente lo más estilosamente atractivo posible. Poca cosa. De ahí que se opte por otras posibilidades más atrayentes a priori que las formas de un frasco: tabletas de chocolate remojadas en agua con la melena al viento y sombras bulímicas bajo los efectos de la hipnosis, la mayoría de las veces.
Pero hay otras ocasiones en las que se trasciende de los flashes y apariencia de simples photo-shoots filmados, para zambullirse de lleno en brillantes narraciones de 30 segundos. Curiosamente, los dos referentes en este campo vienen de la mano de sendos directores de cine, con innegable gusto visual y especialistas en dilatar-acortar el tiempo a su antojo. Hasta ahora el famoso Little Red Riding Hood de Luc Besson para Chanel No. 5 [honores también a Tex Avery] era el máximo exponente en este campo. Este año, Wong Kar Wai en su campaña Midnight Poison para Dior también ha optado por reinterpretar un cuento infantil, la Cenicienta. Como en el caso de la Caperucita fiestera interpretada por Estella Warren, que se emancipaba para perderse en la base de la fálica torre parisina por excelencia, aquí la protagonista también da la vuelta al relato original del que procede. Si en la Cenicienta que todos los lobotomizados por Disney conocemos ese umbral de las 12 de la noche, que hacía que su vestido, carroza, chapita con la Union Jack y recto flequillo Cleopatra se convirtieran en unos harapos, una calabaza, un pin de Shakira y una maraña de pelo rizado, simbolizaba la pérdida de la virginidad y casta inocencia femenina (o, para las tiernas mentes infantildolescentes, cómo las chicas que salen los findes y se quedan hasta las tantas son unas putas... [afortunadamente luego Grease les enseñaría que precisamente ese es el camino a seguir, pero eso es otra historia]), aquí de lo que se trata es de todo lo contrario: a las 12 es cuando empieza lo mejor de la fiesta.
4 Comments:
Amparo, comentarte que el anuncio de Caperucita roja fué diseñado por MILO MANARA.
Jaaap!
Tengo todos los bocetor.
Sí que se corresponden, sí. ¡Gracias por el dato!
Me encantan esos posts en los que me explican de forma tan inteligente (como todo buen perfume) porqué Eva Green es una cosa estética preciosa.
Mire que me he hartado de ver en Salamanca el cartel del anuncio de la señorita Green (ante semejante regalo, lo del perfume es circunstancial). Incluso en un arrebato etílico estuve a punto de hacer el vándalo y traernos un regalo.
La disección, brillante, a la altura de lo comentado.
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